
Desde que estoy enferma, y por tanto condenada a una inactividad que me resulta extraordinariamente antipática, se hace más visible la nube negra que, en el fondo, siempre está acechando. Mi amigo P., muy dado él a la angustia existencial en su vertiente más culta, siempre me ha dicho que yo soy una persona básicamente feliz. Que vale, que puede que algún día esté tristona, porque tengo un disgusto, o cosas así, pero de forma transitoria y con una vuelta a mi estado habitual, el de la felicidad. Siempre que me decía eso, a mí me quedaba la duda de si sería una suerte o no. Quiero decir, en el fondo me quedaba la sospecha de si esa felicidad no sería la prueba inequívoca de mi falta de profundidad, digamos metafísica… vamos, que si no sería que me consideraba una mujer feliz un poco tontita, más que nada porque desde su condición de profundo intelectual, ser feliz parecía considerarse sinónimo de gilipollez, insensatez, falta de conocimiento y falta de profundidad. Vamos, que así me sentía yo, cuando, en realidad, a lo mejor el hombre me lo decía hasta con una cierta envidia.
Sin embargo sé que a pesar de esa intrínseca (y desde luego muy currada, si lo sabré yo) felicidad, la amenaza de la negrura siempre está. Lo que pasa es que mantenerla a raya a veces cuesta más y a veces cuesta menos. Que en la vida todo me haya ido más o menos bien, ayuda, claro. Por eso ahora, que estoy hecha un trapo, hay que esforzarse más por impedir que cruce la línea imaginaria a partir de la cual me envolvería el desconsuelo.
Supongo que es lo que hacemos todos, más o menos, siempre. Ahora lo noto más. Por eso me cuento muchas más mentiras, por eso disfrazo mucho más los días, por eso a veces me gustaría pedir socorro (aunque no lo haga) , por eso hago listas de las cosas que aún me quedan por hacer, por eso tantos arcoiris en formación contra la nube negra.

Soy el “curandero” del soneto. No quiero nada a cambio, sólo saber si lo has leido. Tengo muchos más…ya sabes. Prueba este i si libera una migaja de tu dolor…me pides otro.
Gira, gira
Si tengo que morir, voy y me muero
Al fin i al cabo la milonga está agotada.
Sólo tienes que darle tuerca al suero
Hecho el último escalón no queda nada.
Ni subir ni bajar son mal agüero
Arriba un pié, abajo una pisada
Más allá de la cima, un agorero
En el fondo de la sima, una charada
Subes tú, yo bajo, nos cruzamos
Nuestros pies de tango se confunden
En remolino febril, luego dudamos
“Yo bajaba” “qué más da, bailamos”
Gira, gira, los cuerpos que se funden.
Para Ella, ni subimos ni bajamos.
J. Mèlich
La felicidad tiene una fama horrible. Suena a cosa de ingenuos. A ambición de nena hueca.
Y estoy harta de eso, porque yo también soy básicamente feliz. Y tengo mis nubes negras, y a veces las tapo con arco iris. ¿Por qué hago eso? Porque no creo que sea justo ir por la vida agobiando a los demás con asuntos míos. Digo, es fácil y hasta poético sentarse a llorar mientras fumamos y tomamos café y escribimos poemas en servilletas de bar. Es fácil, pero no voy a hipotecar mi vida.
Así que seguí con tus colores y tu luz.
Ja, la primera vez que visito tu blog y ya doy sermones. Perdón.
Un abrazo.
Yo también voto por dejar de asociar felicidad con estupidez. José Antonio Marina dice que el objetivo de la inteligencia es la felicidad. Estoy de acuerdo con él.
Tranquila. Mucha gente cree que si no sufre, si no cuesta horrores conseguir las cosas, si uno no vive deprisa, con nervios, con angustia… o es un ingenuo feliz, o vive en una nube, o ya nació con una cuenta de banco bajo el brazo…
Y la verdad es que la persona que sabe vivir la Vida, y la va entendiendo y fluye con ella, suele tener lo que en la película “Patch Adams” le dice el psiquiatra a Robin Williams: Aquejado de una extraña “excesiva felicidad”. Eso es positivo. Tu lo sabes por experiencia. Yo también.
Que tengas un día genial!
V.
Hola!
Me gustó mucho tu post porque creo que es completamente cierto.
Eso de estar más o menos contenta siempre a veces no sé si es normal, así era yo antes. Hasta que alguien me dijo que si vivía en el mundo de la fantasía…que en la vida real a veces todo es una mierda, que hay problemas y bla, bla…
Claro que hay problemas, claro que si lo ves todo como aquello del vaso medio por supuesto las cosas serán terribles.
Y a partir de ese día me planteé si era normal alegrame por las cosas pequeñas y ser tan agradecida con la vida, con aquello que quería darme.
Si era normal esperar tan poco…
Y ´cuando llegan nubes negras también escondo mi tristeza, aquella que antes poco me invadía y ahora llega.
Y será que ahora soy más profunda, ya que me deprimo con frecuencia?
Pero eso sí…que nadie lo sepa.
Un besote y hasta pronto, ya te linkeo
Seguimos con “la cura”?
Por qué me tiemblan tanto los deseos?
¿Por qué me tiemblan tanto los deseos?
¿Acaso temen hundirse en mi futuro?
tan corto ya, tan débil e inseguro
que ya no está para esos escarceos.
Ayer trocaba sueños por trofeos.
Hoy en cambio si se ausentan, ni me apuro.
Quizás fui en deseos prematuro.
Y lo de hoy no son más que devaneos.
A ti también te tiemblan, tan valiente
Y su llama titubea… casi no arde.
Ya no nos quedan ni deseos de presente.
Tengo miedo, como tú, a que lleguen tarde
y en mi puerta, tras el cartel de “ausente”,
rece que si no estoy, es por cobarde.
J. Mèlich
El “curandero de los sonetos”
La imagen, querida bruja, me quedo con la imagen. En casa de mi hermana, donde la biblioteca, cuelga de una de las paredes. Y es de esas que te atrapan, que quieres llevarte contigo cada vez que tus ojos, de una manera involuntaria, se quedan fijos en ella.
Pero eso tú ya debías saberlo ¿verdad?