Como ya tengo una edad, ya he aprendido que no todos los amigos (en realidad casi ninguno) son para siempre. Ayer, en el post de la Petite en Belgique, se hablaba de ello. A veces intentar mantener contra viento y marea una relación de amistad es un error tan grande como intentar mantener al precio que sea una relación de pareja. No digo que no haya que cuidar de los amigos. Por supuesto. Pero también hay que entender que lo de Amigos para siempre lailolailolaloilá… en los Manolos, y nada más. De hecho, los amigos que son para siempre, casi nunca surgen de grandes declaraciones con vocación de eternidad. Están, sin más. Pasan los años y siguen. A veces dejamos de verlos durante mucho tiempo. A veces se nos olvidan sus cumpleaños. Pero cuando vuelves a verlos, todo sigue siendo igual. Puedes seguir hablando, continuando una conversación que pareció iniciada la víspera.
Cosa de los años también: he aprendido el enorme valor de esos amigos para siempre, pero ello no me lleva a despreciar a los que son puramente temporales. Hay personas que se cruzan en tu camino en un momento determinado, que te acompañan un tramo, y en ese tiempo te hacen feliz, te ayudan a ser más fuerte, comparten tus días, un episodio, una etapa. Y luego se quedan, o se van por otro camino, y debemos dejarlos ir, con el agradecimiento del tiempo que nos regalaron, del bien que nos hicieron.
Todo esto para decir que hoy he comido con Lara. Y que me he dado cuenta de que aunque nunca nos lo hayamos propuesto, ni nos hayamos abrazado borrachas (cosa harto difícil, dada mi proverbial naturaleza abstemia) jurando que siempre seríamos amigas, ni nada parecido, tengo la impresión de que acabaremos por serlo, porque los años pasan, y ya van más de doce, y ahí sigue su mirada azul, cómplice perfecta, y ahí están tantas cosas compartidas en la cercanía y en la distancia, ese sabernos aunque nos haya separado un océano, los temores, las alegrías, los helados paseando por el Muro en verano, tanta confidencia, tantos abrazos, tanto cariño.
Hoy, ante un pastel de algas y un cuscus con naranja (qué cosas tan ricas se comen en Ocle, el vegetariano de Vero, en la calle Santa Doradía…) me he dado cuenta de cuánto me gusta estar con ella, de lo bueno que es tenerla ahí, aunque sea para recordarme que he engordado -y tanto, por supuesto- mientras sonríe y me habla de su librería, de sus niños, de su vida, mientras desgrana sus horas de frenética actividad, sus proyectos, y yo la escucho, y la miro, y sigo viendo a la chica tan joven que conocí, estudiante entonces de Psicología, que escribía de maravilla, que se enamoraba y sufría desamores que amenizábamos con canciones, que me escuchó tantas veces, y me doy cuenta de cómo ha conseguido gestionar su vida, de la energía tan impresionante que tiene para tirar adelante con todo. Y la veo feliz, dueña de su vida, aunque sus enanos (Lara es una madraza de las de verdad, de las que leen cuentos a los niños aunque lleguen reventadas de trabajar, de las que no se agobian ni corren a Urgencias desesperadas porque su niño, -esta misma mañana, en el cole-, se ha dado un porrazo y tiene un chichón, de las que consuelan, escuchan, cuidan y alientan) le tengan secuestrado su tiempo.
Hoy, además, Lara me ha regalado (además de un libro precioso, que se llama Me encanta...) un proyecto. Sé que en mi situación, lo de los proyectos hay que tomarlo con mucha calma. Que no estoy para nada, ya lo sé. Pero me ha hablado de algo que han pensado ella y Adriana, y que yo había soñado hace unos meses. Y menos mal que se lo había contado a M., que puede atestiguarlo, porque si no, estoy parecería más bien cosa de brujería… muy propio, por otra parte… En fin, que tengo que pensar en ello, para dentro de unos meses, y si se concretara (y todo dependerá de cómo me encuentre yo) ya iré contando… Por lo pronto puedo decir que me ha resultado bastante extraordinario que me haya propuesto justamente algo a lo que yo ya le había dado vueltas. Seguro que es cosa de magia…


Seguro que es cosa de magia, corazón, y seguro que con el tiempo sale adelante. Si te ilusiona, si estás por ello, vas a poder.
Un beso. Cuídate.
Completamente convencida de que es pura magia.
Y seguro que vas a poder llevarlo a cabo.. Estas cosas son las que de verdad dan el nombre de amigos a aquellas personas que están cerca de nosotros, en nuestra vida, independientemente del tiempo.
Besos
Absolutamente de acuerdo con lo que dices de los amigos.
En cuanto a tus proyectos, ojalá, que se materialicen y se hagan realidad.
Un abrazo.
Suerte de tener a Lara.
Yo ya, desde hace tiempo, sé que ni yo mismo me he acompañado siempre.
(Hermoso, hermoso título del de tu entrada.)
Los milagros existen, sí. No es que tengamos que esperar sentadas a que ocurran, hay que trabajarse el cuerpo y la mente para conseguir las metas que una se propone, pero a veces te sorprende el milagro. Y es que a lo mejor no es eso, a lo mejor lo que consideras casualidad o magia es algo que ha propiciado la fuerza de tu empeño, de tu ilusión, de tus afanes. Yo quiero pensar que las metas se alcanzan y las ilusiones nunca se resignan a quedarse en un rincón del desván. Bueno, y si es magia, ¡bienvenida sea!
Con cariño grande
Qué bueno tener proyectos! Qué bueno que puedan realizarse! Qué bueno que lo contaras!
No puede haber mejor explicación para la amistad que la que has expuesto. Yo disfruto muchísimo con los amigos que hace tiempo que no veo y que parece que fue ayer la última vez que lo hice.
Y la magia… existe, por supuesto. Enhorabuena!!!
Hey, me alegro de haber provocado en parte otro maravilloso post de los tuyos.
Esos amigos que llegan casi sin hacerse sentir, esos que te acompañan en silencio, esos que siempre están ahí cuando se necesita ayuda, esos para reir, para llorar, esos que si algún día no están no importa, esos que son como una luz en el camino…
Cuando de repente miras atrás y te das cuenta de que han estado ahí más de 10 años (en algunos casos más de 15), entonces te das cuenta de que puede que sí existan los milagros.
Eso de los amigos me ha hecho recordar un libro que me he metido entre pecho y espalda hace pocquito, “Mundo Amarillo” de Albert Espinosa, un libro optimista (ya estaba bien de tristezas), donde habla de las lecciones que el cancer le aportó para afrontar la vida, y de los amarillos, que él entiende como una nueva categoría de la amistad. Buscaré la definición concreta que da, pero creo que es bastante aproximado a lo que tu dices, “personas que se cruzan en tu camino en un momento determinado, que te acompañan un tramo, y en ese tiempo te hacen feliz, te ayudan a ser más fuerte, comparten tus días, un episodio, una etapa. Y luego se quedan, o se van por otro camino, y debemos dejarlos ir, con el agradecimiento del tiempo que nos regalaron, del bien que nos hicieron”
Te deseo suerte en tu nuevo empeño, y no comiences desde una perspectiva negativa, diciendo que cómo te vas a plantear retos en tu situación. Bruja, estas enferma, no muerta. Te mando un beso muy gordo, y toda la fuerza que necesites.
Sé quienes son amigos de verdad, sé bien donde están, nunca piden nada y siempre dan… cantaba Víctor Manuel, aunque me parece un poco exagerado por su parte.
El dimingo vino de Chile, uno de los míos, nos conocemos desde los cinco años y ya hace demasiados que vive en Santiago. El domingo nos vimos y pasó eso que tan bien describes, la sensación de que podíamos reanudar la conversación que habíamos dejado a medias el año anterior.
Un abrazo y muchos ánimos y fuerzas para los proyectos. A veces es muy bueno tener un objetivo.
Los verdaderos te abrazan de una manera especial. Yo para eso soy un tanto raro, entre los verdaderos amigos nos damos abrazos para saludarnos, con algunos, incluso los dos besos. Para dar la mano ya se la das al portero, al policia o a tu jefe… Que desfase de respuesta….
Que eso, que los amigos pasan como los momentos, los grandes y buenos amigos se mantienen fijos..
Saludos y salud (por ahora tengo muchas posiblidades de ir esta tarde a la presentación..)
qué gusto, sí, cuando ves cariño en los ojos de la persona que te mira, por mucho tiempo que lleves sin hablarle o escucharle. Estoy de acuerdo en los amigos de una temporada, de una época, que llenan un tramo de tu vida y luego se van por un camino distinto al tuyo. Pero yo tengo un problema: ¿qué hago con las amistades caducadas? ¿cómo se evita a la gente que conoces desde hace 15 años o más, que hace ya mucho que no te aporta nada bueno y a la que sabes que no le importas un pimiento, que sólo te llama para llenar el tiempo? Será que vivo en un sitio pequeño y es más difícil…
besos y suerte con el proyecto.
Obligaciones laborales y familiares me han mantenido un pelín más alejado que de costumbre, pero es una alegría volver y encontrarte con este post tan requetebonito.
Bruji, toda la razón en eso de que los grandes amigos están lejos de declaraciones altisonantes y son los que , con la criba de los años y sin importar la distancia o el tiempo transcurrido, siguen estando ahí..
hay un tema , por eso, que no me cuadra…¿ existe el ser humano asturiano abstemio? ¿no es como una especie de herejía?
Un abrazo
Jo, qué guapas.
Acabo de retroceder no sé cuantas semanas negras…
Me pasa con Evelyn. La conozco desde los 6 años, vive a una cuadra de mi casa, y por cuestión de tiempos y horarios a veces pasa un mes y no nos vemos. Pero está todo bien, siempre. Es mi amiga. No necesitamos decirnos todo el tiempo lo mucho que nos queremos.
Gracias a todos por pasaros por aquí. Lo que decís siempre es mucho más estimulante y más importante que el post que lo sugiere.
Lo del proyecto ése del que hablaba en realidad es una cosa muy sencilla, pero me resultó tremendamente fascinante el hecho de que justamente eso lo hubiera soñado yo hace meses. Incluso algunos detalles en concreto. Tampoco se trata de nada grandioso. Ya veremos qué ocurre. Todo estará en función de muchos “pequeños detalles” como el nada desdeñable de cómo me encuentre, porque ahora, hasta para la cosa más nimia dependo de mi reserva de energía, que se gasta enseguida.
Interesante lo que dices, Anab, de “los amarillos”, no conozco el libro, pero sí que es cierto que coincido en lo que comentas…
Y, Fritus, que a lo mejor yo soy la excepción. No te diría que no, pero por increíble que te resulte, ni sidra siquiera.Tendrías que ver cómo me transformo en Heidi (por los coloretes) si bebo algo de alcohol…
Lidia B. es mi Lara particular. Ojalá dentro de muchos años pueda escribir esto que hoy te he leído yo. Mi Lidia B., desde los cuatro años.
(No me he emborrachado jamás)