A veces se me ocurre que este blog en lugar de llamarse La vida en retales debería tener un título parecido a Diario de perplejidades. No sé, algo así. No gano para quedarme estupefacta (mola esta palabra…) ante las cosas que suceden delante de mis narices. A veces también me quedo hechizada, pero de eso ya hablaremos otro día.
Leo en las páginas de El País que andan los editores, y otras gentes relacionadas con los libros, por la Feria de Francfort reflexionando acerca del libro electrónico. Que reflexionen ya es algo, si tenemos en cuenta que hace diez minutos algunos hasta se obstinaban en negarse a la evidencia. Dicen que para el año 2018 el libro electrónico superará al libro tal como lo conocemos, y a mí me da la risa. ¿2018? hombrepordiós…
Quien me conoce sabe que adoro los libros, el papel, que mi casa puede hundirse en cualquier momento por la cantidad de libros, que me chiflan (y colecciono) cuadernos, que cuando era pequeña, cuentan, podía estar entretenida en la cuna durante horas jugando con un papel… No soy sospechosa, por tanto, lo digo porque en esto hay tanta visceralidad, tanta batalla abierta entre los viejos frentes de los apocalípticos y los integrados, que quiero dejar claras las cosas desde el principio, no sea que me tachen de enemiga de la cultura y de la literatura, que es algo que no tardaremos en ver como vimos y estamos viendo los vituperios de las discográficas contra todos aquellos que cuestionan su modelo de negocio. Queda por tanto establecido que si alguien ha “subvencionado” religiosamente a la industria editorial durante muchos años, he sido yo, y por tanto estoy fuera de cualquier sospecha.
Dicho lo cual, hace unos meses,cuando una de mis hermanas viajó a Nueva York, le encargué un E-reader, concretamente el PRS-505 de Sony. Y sí, estoy loca con él. Me encanta. Quien dice que los libros son los libros, y que si el tacto, que si el papel, y todo lo demás, será porque no ha tenido un e-reader en sus manos y no ha probado a leer en él. No hay ninguna diferencia. No es una pantalla con retroiluminación, es tinta electrónica, no cansa la vista… No voy a abundar en todas esas cosas que la mayoría de la gente ya sabe, pero me reafirmo. Leer en un e-reader no es distinto a hacerlo en cualquier libro. O sí, sí lo es, pero para bien. En el mío, actualmente hay unos mil quinientos libros. Jamás podría llevarme conmigo una cantidad así. Ya sé que no se leen mil quinientos libros a la vez, claro, ya lo sé. Pero están ahí. Para esos momentos en que de repente te apetece volver a unos versos de Rimbaud o a un relato de Borges. Están ahí.
Sé que si empiezo a largar acerca de esto, puedo escribir un post larguísimo y aburrido. Pero me cabrean tanto la mayoría de las editoriales que no puedo evitarlo. Ahora, que es posible encontrar casi cualquier libro en la red, ahora, después de años de ver pelar las barbas de sus vecinos de la industria musical y cinematográfica, ahora, van los listos de las editoriales y empiezan a considerar la posibilidad de. Queridos editores y gentes del libro, si este mismo año os negastéis enérgicamente a la presencia de cualquier iniciativa relacionada con el libro electrónico en la Feria de Madrid, qué nos estáis contando, por favor…
(Quiero hacer un inciso: Cuando hablo de las editoriales me refiero a los gigantes de la industria, los que fabrican libros como objetos del mismo modo que podrían vender zapatos y ponen en su elaboración un mimo nulo. Todo mi respeto, mi admiración y mi devoción por esos editores que de verdad apuestan por los libros, con tiradas cortas y cuidadísimas de títulos y autores por los que la “industria” no da un duro. Ellos nada tienen que ver, no son el objeto de este mal humor que me genera noticias como esta)
La industria musical se fue al garete o al menos redujo sus ganancias sustancialmente porque fueron lo suficientemente miopes y lo suficientemente avariciosos como para concentrarse en las ganancias presentes (¿os acordáis de lo que pagábamos por los cedés hace diez años?) y no prever el futuro que ya estaba ahí. Pero al menos a ellos les tocó la novatada y aunque no tienen mucha excusa, desde luego tiene muchísima menos la ceguera de la industria editorial tan concentraditos ellos en encontrar gallinas de huevos de oro de origen nórdico y de apellido Larsson, o vampiros o códigos da vinci, o niños magos, que les llenen las arcas, que luego ya veremos…
Leo espantada que una de las coordenadas que enmarcarán el fenómeno de los libros electrónicos es el de los 12 euros como precio de cada título. Y lo dicen sin inmutarse. No sé en qué mundo viven y sobre todo, no sé si piensan que los lectores somos idiotas. ¿No habíamos quedado en que los libros son caros por los costes tan terribles que supone el papel, la impresión, la distribución etcétera, etcétera? ¿Quieren decirme en qué diablos va a gastar una editorial para vender un libro electrónico? El coste es tan bajo que da la risa. Es más: las editoriales no tienen ningún sentido en el futuro del libro, por más que se empeñen en presentarse como los verdaderos artífices del fenómeno de la lectura. Los autores pueden vender directamente su trabajo. Sólo se necesita un archivo, solo eso. El dinero que se pague debe ir íntegramente para el autor. Se escudarán en el asunto de la promoción y la publicidad. Queridos editores, no necesito que se gasten ustedes un euro en publicidad. Voy a seguir leyendo los libros que escriban los autores que me gustan sin necesidad de que ustedes invadan con sus promociones el espacio disponible en los escaparates de las librerías y los periódicos. Y voy a descubrir a nuevos autores, por supuesto. También sin necesidad de esas campañas carísimas, porque los lectores nos contamos nuestros descubrimientos y el boca oreja funciona, y si lo hemos hecho así en los tiempos anteriores a internet, no se pueden ni imaginar cómo funcionan las recomendaciones en foros de lectura. No sé los demás, pero yo me fío más -siempre lo he hecho- de la opinión de un lector apasionado que de una campaña publicitaria multimillonaria…
Los editores han perdido el tren definitivamente. Es su problema, claro, de ellos y de su miopía y de esa aversión a lo tecnológico tan enraizada en algunos sectores “tan librescos”. Los editores reflexionan “ahora” sobre el libro electrónico, ahora que puedo bajarme gratis cualquier libro, porque los lectores hemos tenido que buscarnos la vida, porque existían los e-readers, pero es prácticamente imposible encontrar algún ebook de los que nos compraríamos en librerías. Para cuando empiecen a funcionar esas megaplataformas de editoriales de las que tanto hablan, y pretendan vendernos archivos a 12 euros, se encontrarán con que ni dios está dispuesto a pagar por algo que se puede encontrar gratis. Y entonces empezaremos (ya estamos empezando) a oír toda esa sarta de estupideces acerca de cómo los internautas acabamos con la cultura y con la literatura, y con todo. Y, lo que es más triste y más miedo me da: utilizarán en esa batalla, que es exclusivamente editorial, a los autores, que como mucho, me imagino que en lugar del 1,2 euros que cobrarán por cada ebook, a lo mejor les pagan dos euros y medio (un enorme incremento en sus porcentajes, les dirán para tenerlos contentos).
Cualquier ebook que cueste más de seis euros es caro, porque ningún autor ha cobrado por una novela jamás de los jamases seis euros por un ejemplar de una novela. Y yo estoy dispuesta a pagar seis euros por un libro. Pero al autor. Exclusivamente. Y que no me vengan los editores, por favor, con el rollo de que para ellos resulta muy caro (he leído que han dicho la estupidez de que dar formato adecuado a cada título para ponerlo en la red les cuesta entre 150 y 200 euros, y desde aquí me ofrezco a las editoriales para hacerlo por la mitad, sobre todo si tenemos en cuenta que eso se hace dando a un botón sin más) transformar el archivo en un ebook. No tengo ningún problema en pagarle al autor por su archivo en word, tal como sale de su ordenador. Menudo problema transformarlo: son menos de cinco segundos.
Voy a seguir teniendo libros tradicionales, porque me gustan los libros incluso como puro objeto, porque me gusta tener libros dedicados por sus autores, seguramente porque en los libros permanecerá al menos en mí una devoción insobornable entre el fetichismo y el amor. Pero la mayor parte de lo que lea, lo haré en un e-reader, porque lo que de verdad importa es el contenido y no el soporte. Las historias se han contado en piedra, en tablillas, en papiros, en libros. Y la irrupción de un nuevo soporte nunca ha acabado con la literatura. Al contrario. Si la industria no es capaz de adecuarse a los tiempos (no ahora, insisto: este tren salió hace años y lo han perdido) no es culpa ni de los autores, que son los únicos realmente importante en esta historia, ni de los lectores, que son también imprescindibles.Los editores que sigan dándole vueltas al asunto y calculando sus porcentajes. Para cuando quieran que esto funcione, descubrirán que han llegado tarde. Y entonces asistiremos a ese espectáculo de plañideras tan lamentable, que reclama ayudas a los gobiernos, que demoniza a los internautas y que culpa a cualquiera que no sean ellos mismos, de todas sus desdichas. Al tiempo.
No ocupa mucho ¿verdad? Menos que un dvd, y menos que una moleskine… Para ver cómo funciona, los que aún no lo disfrutéis, aquí:

Bravo, bravo, bravísisisisisismoooooo.
Me adhiero a tu reflexión, y la suscribo punto por punto (e incluso con alguna coma). Doce euros por un archivo… estos están tontos, o pretenden hacernos creer a los demás que lo estamos.
Además de aplaudirte debo confesar que quiero indagar más sobre los e-reader, porque no acabo de decidirme a compara uno. ¿Cuanto te dura la batería?, ¿el tuyo es táctil o con botones (como el del vídeo)? ¿Qué capacidad tiene? ¿Lleva tarjeta de memoria?…He visto varios modelos pero no acabo de darme ánimos para dar el paso.
Eso sí me supondría un ahorro considerable en estanterías, con el consiguiente perjuicio a los constructores de librerías y a IKEA.
Besos
Me uno a Anabel en los aplausos y en los bravos.
Chica, qué desahogo tan bueno.
Como tú adoro los libros, sé que no voy a dejar de comprarlos y también sé que me voy a comprar el reader cuando tenga oportunidad.
Hace tiempo cuando leí que los ebook iban a costar entre 10 y 12 euros aluciné, porque suponía que con el soporte electrónico iban a abaratarse bastante y que iba a poder comprar todavía más complusivamente. Desde luego si los dejan a ese precio casi no va a merecer la pena comprar el reader porque por ese dinero me puedo comprar uno tradicional, ya no digo de bolsillo, sino que encuadernado en buenas condiciones. Ese precio es una barbaridad y va a echar para atrás a muchos lectores que estoy segura se están pensando comprar el reader.
Me da la impresión de que en castellano debe de haber muy poca cosa en ebook y como sigan las cosas así España va quedar a la cola de está nueva tecnología, ni para el 2018 vamos a estar a la altura del resto de países lectores.
Seguiremos atentos a nuestras pantallas.
Un abrazo.
Anabel: El PRS 505 no es táctil. Iba a comprarme uno de esos hasta que leí en algún sitio que para hacerlos táctiles habían superpuesto una pantalla a otra y eso daba reflejos, lo que resulta imperdonable en este dispositivo. Así que de momento me he comprado éste a la espera de que la tecnología supere ese problemilla (que igual ya lo ha hecho en los tres últimos meses). Sí, lleva tarjeta: yo tengo una de cuatro gigas puesta y con unos mil quinientos libros, sólo tengo medio giga ocupado… En cuanto a la batería dura muchísimo, porque sólo se gasta cuando pasas página. Dicen que da para pasar unas 7.500 páginas. Yo no lo he comprobado, porque cuando lo enchufas al ordenador para cargar libros, recarga la batería, así que no sé… Yo estoy muy contenta, ya te digo…
Aparte de que ahora mismo si quieres comprar ebooks en español, el panorama es desolador. Por eso digo que las editoriales han perdido el tren.
Lucía: El precio no va a echar para atrás a los lectores. Es como si me dijeras que el precio de las canciones en Itunes echa para atrás en la compra de dispositivos… A poco que busques (y no te cuento qué maestría adquieres en poquísimo tiempo) encuentras casi todo, o al menos mucho, en la red, porque la gente digitaliza libros y los sube, y los comparte y todo eso: ya sabes destruyen la cultura…
En Amazon los libros se venden a 9,99 dólares, que al cambio se queda en menos y aun así el precio es un pelín alto. Pero no te lo pierdas: hay quienes piensan en su infinita ignorancia (o usura, vete tú a saber) que los ebooks deben ser más caros que los tradicionales, y los más “flexibles”, opinan que pueden ser ¡¡¡hasta un 30% más baratos!!!”. Sí, yo también flipé cuando lo leí en el reportaje que linkeo en el post…
Este post largo, largo de cojones me lo he leído sin pestañear…además mi querida Anabella ha conseguido con su pregunta que la no menos querida administradora de esta santa casa conteste, y supongo que esto del e-reader debe ser la leche.
Creo que nunca he estado más de acuerdo con un post tuyo, Bruji, probablemente porque este está más cerca de las reflexiones prácticas que de las impresiones poéticas y por ello uno puede alinearse tras él como un decáologo.
Lástima de no tener más tiempo, coño…el poco que le robo a la vida (y a los pimientos picantes) me lo paso manteniendo un blog.
Un beso muy fuerte.
No son incompatibles. Me gusta tu forma de enfocar este asunto.
Tengo una curiosidad enorme por este tipo de artilugios, y eso que me gustan un montón los libros, quiero decir, el objeto libro, que se toca, se huele, se abre por cualquier hoja… Pero, ¿te imaginas la de libros que podrías llevarte a un viaje de quince días sin que tu maleta se sobrecargara?
Pueden ser compatibles, com dice Pedro. No tienes por qué leer todo en el aparato, pero sí usarlo cuando conviene.
Yo no descarto comprarme uno cuando se puedan leer libros que me interesen.
Te paso un enlace de hoy, jueves, que habla del asunto.
http://www.elpais.com/articulo/portada/Tinta/electronica/elpepisupcib/20091015elpcibpor_1/Tes/
Me uno y comparto cada una de tus palabras, en mi anterior traslado regalé 3000 libros por falta de espacio, en mi nueva casa ya tengo casi llenos todos los huecos que destino a libros de papel.
Lo que más me preocupa de esta tecnología es que pueda encontrar los libros en castellano, que es el idioma en el que mejor leo. Y que también se incluyan libros actuales.
Y ya lo dices tú, a los editores les va a ocurrir lo mismo que a los sellos discográficos. Llorarán su falta de iniciativa y el reconducir su usura.
Y es que echando cuentas, cada vez resulta más atractivo autoeditarse y vender directamente el producto. Ando en un proyecto de libros para niños y es lo primero que nos hemos planteado. Nos autoeditamos.
En cuanto vea los modelos que más me convienen, me hago con un lector digital. Y no sólo amo los libros y la cultura, soy una apasionada.
Muchos besos, bruja