Sin plan de ataque, sin más armas que la voz y la memoria de los días, escribiendo en el aire un incendio de lirios y de estrellas, inicias la invasión apresurada de lo más recóndito de mi voluntad. Acudes, como la sangre a la herida, como si conocieras la dimensión de mi tristeza nublada, como si supieras. Llegas con el viento de septiembre, como llegaban, antes, todos los retornos y me enseñas a leer en el abecedario de mis vértigos.
No sé si te he invocado. No sé de cuánto dolor se alimenta la esperanza. No sé de qué tiempo disponemos para alinear todos los planetas y darle la vuelta al universo. No sé de qué color va a ser el destierro que acecha al otro lado de tus ojos redentores.
Ahora que amanece y me despiertan los versos que has escrito en la página sagrada de la noche. Ahora que te miro y reconozco una certeza en el espejo de mis miedos.

Hemos inaugurado el otoño susurrando secretos que sólo a los dos nos pertenecen…

Tan extraño y tan intenso.
Qué bien escribes… y qué delicia es leerte!
La sangre, al menos, termina cerrando la herida…
Qué bueno leerte…
saludos y salud
Todo debería ser así, sin plan de ataque.
Ese otoño que ves desde la ventana… Que trae un poco de nostalgia a pesar de que aún es cálido y bullanguero
Así de noche, de puntillas, entro y te leo y casi que no me atrevo a comentar las palabras de la noche, del otoño…
Reconocer los miedos y reconocerse en ellos, y al otro lado la esperanza: e precioso.
Un abrazo.
Es una preciosidad lo que hoy escribes.
Palpo la invasión densa e incruenta despejando nieblas de tristeza.
Duele en tus lineas la herida agazapada tras los ojos redentores.
También el consuelo de los versos al alba que infunden la certeza sobre el miedo.
Me ha gustado mucho.
Besos.
Y sí, la esperanza en estos casos viene unida a un dolor intenso, al silencio que deseamos hacer añicos y no se rompe. Tenemos la certeza de que hay alguien al otro lado del espejo que, con el martillo en la mano, ha optado por darnos la espalda, atenazado por el miedo. Y nosotras, que somos valientes y temerarias a partes iguales, posamos los dedos sobre el espejo, movidas por la ternura y el desgarro. Y nos aferramos a la certeza, y a la esperanza. Y a sabernos acompañadas la una por la otra, en un encuentro repetido a lo largo de los años.
Sin plan de ataque… en susurros si es necesario, estrenar palabras, vivencias, otoños…
Besos
Si reconoces al menos una certeza, habrá merecido la pena.
Un saludo
La página sagrada de la noche nos depara estas sorpresas.
Un beso
Que lindo es volver a encontrarte y leerte.
un saludo
El otoño madrileño es mi estación favorita especialmente un sábado por la mañana temprano cuando puedo observar por los ventanales lo que hacen los árboles, y lo que queda de las flores. Ahora con tu escrito todo eso se ha redondeado más y es todavía mejor. Un besote grande y hasta el próximo sábado si alguien no me lo chafa.