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Archive for 27 octubre 2009

Así, tan extraño

Sin plan de ataque, sin más armas que la voz y la memoria de los días, escribiendo en el aire un incendio de lirios y de estrellas, inicias la invasión apresurada de lo más recóndito de mi voluntad. Acudes, como la sangre a la herida, como si conocieras la dimensión de mi tristeza nublada, como si supieras. Llegas con el viento de septiembre, como llegaban, antes, todos los retornos y me enseñas a leer en el abecedario de mis vértigos.
No sé si te he invocado. No sé de cuánto dolor se alimenta la esperanza. No sé de qué tiempo disponemos para alinear todos los planetas y darle la vuelta al universo. No sé de qué color va a ser el destierro que acecha al otro lado de tus ojos redentores.
Ahora que amanece y me despiertan los versos que has escrito en la página sagrada de la noche. Ahora que te miro y reconozco una certeza en el espejo de mis miedos.
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Hemos inaugurado el otoño susurrando secretos que sólo a los dos nos pertenecen…

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Recuperada

Ayer, inexplicablemente, la piedrecita de color violeta, de cuya pérdida había dado noticia algunos posts atrás, apareció de un modo milagroso en el mismo lugar en el que la busqué dos mil veces. Juro por todo lo jurable, que todas esas veces que la busqué, no estaba, y sin más ni más ayer a mediodía, se me presentó como si llegara de un viaje, que vete tú a saber si no habrá hecho, que así de secreta es la vida de las cosas…
Vuelvo a tenerla conmigo, y yo, que no he sido particularmente fetichista, la miro, la toco, y sé que trae una historia que contar, un regreso, una certeza. La de aquello que nunca se había ido.
Por cierto, he descubierto un blog clandestino: el de una trapecista que vuelve a recuperar el equilibrio de la soledad y la fortaleza de las palabras. Y a mí, que soy vértigo puro, me gusta sentarme a su lado en el trapecio…

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Otra vez

A veces es necesario aprender que solo perdiendo todo podemos volver a ser dueños de tanto.

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Esos sueños tan extraños…

Anoche tuve un sueño raro. Soñé que escribía un poemario. Completo: un poema, y luego otro,  y otro, y otro, unos más cortos, otros más largos. Las palabras iban colocándose sobre el papel (porque estaba escribiendo a mano) con una fluidez increíble. Lo más gracioso de todo es que me parecían buenísimos los poemas.

A lo mejor soñé eso porque, no hace mucho tiempo, un amigo cantautor me contó que una vez soñó que daba un concierto y cantaba una tras otra un montón de canciones nuevas y fantásticas de las que se sentía orgullosísimo mientras las interpretaba,  que se desvanecieron en cuanto se despertó.

Yo me desperté  justo cuando terminaba de escribir una especie de cita que abría el poemario. Desgraciadamente es lo único que puedo recordar, porque el resto de las palabras,aquellos poemas que me parecían extraordinariamente buenos,  se esfumaron al abrir los ojos. La cita, no. Seguramente porque es un aviso:

“El amor nos induce a leer todos los poemas del mundo. Pero el desamor, por desgracia, nos apremia a escribirlos.”

Menos mal que los poetas de verdad escriben sobre el desamor y lo bordan

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Soy una gorda total. Con un sobrepeso del copón, porque hace ya muchos años que no me pongo una talla 38, suponiendo que alguna vez la haya llevado. Tengo las caderas anchas, gracias a lo cual he podido parir sin inmutarme (y sin epidural, que entonces ni había) y está mal que yo lo diga, pero nunca he tenido problemas para gustar. A veces hasta los he tenido justo por lo contrario, aunque, insisto, sea una inmodestia por mi parte.

Es cierto que algunas veces cuando tengo que comprarme ropa, que por otra parte es una de las actividades que más detesto, pienso que me gustaría llevar una talla menos. Incluso en algunas épocas hasta dos tallas menos. Pero es lo que hay. A veces, cuando me paso y me digo que esto-ya-no-puede-seguir-así, hago dieta, bajo cuatro kilos y tan feliz. Me encanta el chocolate y un montón de cosas que engordan, pero no me causa grandes problemas controlar, es decir la cosa esa de la moderación, que no implica, por supuesto, la renuncia.

Y, sinceramente, nunca, jamás, he tenido la sensación de resultar repulsiva a los ojos de los hombres. Sé que no le gusto a todo el mundo (dice mi chico que vale, pero que gusto a CASI todos) y no me preocupa demasiado, estaría bueno. Además, curiosamente, los tíos que pueden evaluarme por mis kilos, pertenecen al tipo de hombres que jamás me merecerán ni el más mínimo interés, así que estamos en paz.

Vamos, que sí, que me sobran kilos, pero que no voy a abrirme las venas por ello.

Y ahora llega Karl Lagerfeld y me obliga a escribir un post por segunda vez en el día, del cabreo que me genera. Que dice el tío que no quiere modelos curvilíneas en la pasarela, porque “a nadie le gustan las mujeres curvilíneas”. Dice mi chico que qué sabrá si las mujeres no le han gustado en la vida, ni con curvas ni sin ellas. Que dice el tío, también que

“Todos esos que critican a las modelos por aparecer huesudas o anoréxicas son las típicas madres gordas que se sientan en el sofá todo el día comiendo patatas fritas”.

Acabo de enterarme de que yo soy una típica madre gorda, porque me parece infame el aspecto de las modelos. Una vez una tía más o menos especialista en moda, me justificaba la delgadez extrema de las modelos en que era el mejor modo de “lucir” la ropa, que así el traje se veía en todo su esplendor. Y yo flipando, claro.

Lo malo de todo esto es que la gente se lo cree. Que las niñas quieren ser modelos y quieren ser flacas hasta extremos increíbles, porque les dicen que ésa es la belleza, y la anorexia aumenta, y todo eso que ya sabemos. Y como Lagerfeld se negó cuando diseñó una colección para H&M a incluir tallas por encima de las 38 (porque él no diseñaba para mujeres con sobrepeso) un montón de mujeres que han de ponerse tallas a partir de la cuarenta sufren porque se sienten gordas. Y ocurren cosas tan patéticas como los “arreglos” de photoshop que convierten a algunas modelos en una especie de monstruo con la cabeza más ancha que la cintura. Y esos tipos, esos dictadores de la estética, porque Karl Lagerfeld no es el único, ahí siguen, gozando de un respeto que no sé si se han ganado en el campo del diseño, que no voy a discutirlo, pero que desde luego no se merecen cuando abren la boca.

Porque o mucho  me equivoco, que también pudiera ser, o a los hombres les gustan las mujeres con curvas. ¿O no?

jjonesphilippa

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Abundando en lo de ayer

Este post es  pura continuación del de ayer. En vista de lo que veo y leo, y como me temo lo peor, he decidido coleccionar frases lapidarias y/o proféticas sobre el asunto de los libros electrónicos, y como hoy he cosechado una nueva, quiero haceros partícipes de las dos más estupendas, que no serán las únicas me temo y os invito a que me hagáis llegar las que os encontréis por ahí. A la gente le encanta hacer predicciones (qué raro: siempre según sus propios intereses) de lo que va a suceder, y seguro que en un par de años todos nos partiremos la caja de la risa y ellos desearán haberse callado a tiempo…

Dos, a modo de ejemplo:

Jorge Herralde (editor de Anagrama): “Es una falacia decir que los libros son caros. Quienes defienden los libros electrónicos son unos yonkis de la tecnología”

José Manuel Lara (editor de Planeta): «El “e-book” no se va a implantar de la noche a la mañana. Es una evolución generacional. Una generación no cambia sus hábitos de lectura tan rápido».

Y lo que nos queda por oír…

Actualización:  Suma y sigue. Otra pa la saca:

Steve Ballmer (de Microsoft): ¿Para qué queremos un e-reader si ya tenemos un pc?

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Me dejan tan perpleja

A veces se me ocurre que este blog en lugar de llamarse La vida en retales debería tener un título parecido a Diario de perplejidades. No sé, algo así. No gano para quedarme estupefacta (mola esta palabra…) ante las cosas que suceden delante de mis narices. A veces también me quedo hechizada, pero de eso ya hablaremos otro día.

Leo en las páginas de El País que andan los editores, y otras gentes relacionadas con los libros, por la Feria de Francfort reflexionando acerca del libro electrónico. Que reflexionen ya es algo, si tenemos en cuenta que hace diez minutos algunos hasta se obstinaban en negarse a la evidencia. Dicen que para el año 2018 el libro electrónico superará al libro tal como lo conocemos, y a mí me da la risa. ¿2018? hombrepordiós…

Quien me conoce sabe que adoro los libros, el papel, que mi casa puede hundirse en cualquier momento por la cantidad de libros, que me chiflan (y colecciono) cuadernos, que cuando era pequeña, cuentan, podía estar entretenida en la cuna durante horas jugando con un papel… No soy sospechosa, por tanto, lo digo porque en esto hay tanta visceralidad, tanta batalla abierta entre los viejos frentes de los apocalípticos y los integrados, que quiero dejar claras las cosas desde el principio, no sea que me tachen de enemiga de la cultura y de la literatura, que es algo que no tardaremos en ver como vimos y estamos viendo los vituperios de las discográficas contra todos aquellos que cuestionan su modelo de negocio. Queda por tanto establecido que si alguien ha “subvencionado” religiosamente a la industria editorial durante muchos años, he sido yo, y por tanto estoy fuera de cualquier sospecha.

Dicho lo cual, hace unos meses,cuando una de mis hermanas viajó a Nueva York, le encargué un E-reader, concretamente el PRS-505 de Sony. Y sí, estoy loca con él. Me encanta. Quien dice que los libros son los libros, y que si el tacto, que si el papel,  y todo lo demás, será porque no ha tenido un e-reader en sus manos y no ha probado a leer en él. No hay ninguna diferencia. No es una pantalla con retroiluminación, es tinta electrónica, no cansa la vista… No voy a abundar en todas esas cosas que la mayoría de la gente ya sabe, pero me reafirmo. Leer en un e-reader no es distinto a hacerlo en cualquier libro. O sí, sí lo es, pero para bien. En el mío, actualmente hay unos mil quinientos libros. Jamás podría llevarme conmigo una cantidad así. Ya sé que no se leen mil quinientos libros a la vez, claro, ya lo sé. Pero están ahí. Para esos momentos en que de repente te apetece volver a unos versos de Rimbaud o a un relato de Borges. Están ahí.

Sé que si empiezo a largar acerca de esto, puedo escribir un post larguísimo y aburrido. Pero me cabrean tanto la mayoría de las editoriales que no puedo evitarlo. Ahora, que es posible encontrar casi cualquier libro en la red, ahora, después de años de ver pelar las barbas de sus vecinos de la industria musical y cinematográfica, ahora, van los listos de las editoriales y empiezan a considerar la posibilidad de. Queridos editores y gentes del libro, si este mismo año os negastéis enérgicamente a la presencia de cualquier iniciativa relacionada con el libro electrónico en la Feria de Madrid, qué nos estáis contando, por favor…

(Quiero hacer un inciso: Cuando hablo de las editoriales me refiero a los gigantes de la industria, los que fabrican libros como objetos del mismo modo que podrían vender zapatos y ponen en su elaboración un mimo nulo.  Todo mi respeto, mi admiración y mi devoción por esos editores que de verdad apuestan por los libros, con tiradas cortas y cuidadísimas de títulos y autores por los que la “industria” no da un duro. Ellos nada tienen que ver, no son el objeto de este mal humor que me genera noticias como esta)

La industria musical se fue al garete o al menos redujo sus ganancias sustancialmente porque fueron lo suficientemente miopes y lo suficientemente avariciosos como para concentrarse en las ganancias presentes (¿os acordáis de lo que pagábamos por los cedés hace diez años?) y no prever el futuro que ya estaba ahí. Pero al menos a ellos les tocó la novatada y aunque no tienen mucha excusa, desde luego tiene muchísima menos la ceguera de la industria editorial tan concentraditos ellos en encontrar gallinas de huevos de oro de origen nórdico y de apellido Larsson,  o vampiros o códigos da vinci, o  niños magos, que les llenen las arcas, que luego ya veremos…

Leo espantada que una de las coordenadas que enmarcarán el fenómeno de los libros electrónicos es el de los 12 euros como precio de cada título. Y lo dicen sin inmutarse. No sé en qué mundo viven y sobre todo, no sé si piensan que los lectores somos idiotas. ¿No habíamos quedado en que los libros son caros por los costes tan terribles que supone el papel, la impresión, la distribución etcétera, etcétera? ¿Quieren decirme en qué diablos va a gastar una editorial para vender un libro electrónico? El coste es tan bajo que da la risa. Es más: las editoriales no tienen ningún sentido en el futuro del libro, por más que se empeñen en presentarse como los verdaderos artífices del fenómeno de la lectura. Los autores pueden vender directamente su trabajo. Sólo se necesita un archivo, solo eso. El dinero que se pague debe ir íntegramente para el autor. Se escudarán en el asunto de la promoción y la publicidad. Queridos editores, no necesito que se gasten ustedes un euro en publicidad. Voy a seguir leyendo los libros que escriban los autores que me gustan sin necesidad de que ustedes invadan con sus promociones el espacio disponible en los escaparates de las librerías y los periódicos. Y voy a descubrir a nuevos autores, por supuesto. También sin necesidad de esas campañas carísimas, porque los lectores nos contamos nuestros descubrimientos y el boca oreja funciona, y si lo hemos hecho así en los tiempos anteriores a internet, no se pueden ni imaginar cómo funcionan las recomendaciones en foros de lectura. No sé los demás, pero yo me fío más -siempre lo he hecho- de la opinión de un lector apasionado que de una campaña publicitaria multimillonaria…

Los editores han perdido el tren definitivamente. Es su problema, claro, de ellos y de su miopía y de esa aversión a lo tecnológico tan enraizada en algunos sectores “tan librescos”.  Los editores reflexionan “ahora” sobre el libro electrónico, ahora que puedo bajarme gratis cualquier libro, porque los lectores hemos tenido que buscarnos la vida, porque existían los e-readers, pero es prácticamente imposible encontrar algún ebook de los que nos compraríamos en librerías. Para cuando empiecen a funcionar esas megaplataformas de editoriales de las que tanto hablan, y pretendan vendernos archivos a 12 euros, se encontrarán con que ni dios está dispuesto a pagar por algo que se puede encontrar gratis. Y entonces empezaremos (ya estamos empezando) a oír toda esa sarta de estupideces acerca de cómo los internautas acabamos con la cultura y con la literatura, y con todo. Y, lo que es más triste y más miedo me da: utilizarán en esa batalla, que es exclusivamente editorial, a los autores, que como mucho, me imagino que en lugar del 1,2 euros que cobrarán por cada ebook, a lo mejor les pagan dos euros y medio (un enorme incremento en sus porcentajes, les dirán para tenerlos contentos).

Cualquier ebook que cueste más de seis euros es caro, porque ningún autor ha cobrado por una novela jamás de los jamases seis euros por un ejemplar de una novela. Y yo estoy dispuesta a pagar seis euros por un libro. Pero al autor. Exclusivamente. Y que no me vengan los editores, por favor, con el rollo de que para ellos resulta muy caro (he leído que han dicho la estupidez de que dar formato adecuado a cada título  para ponerlo en la red les cuesta entre 150 y 200 euros, y desde aquí me ofrezco a las editoriales para hacerlo por la mitad, sobre todo si tenemos en cuenta que eso se hace dando a un botón sin más) transformar el archivo en un ebook. No tengo ningún problema en pagarle al autor por su archivo en word, tal como sale de su ordenador. Menudo problema transformarlo: son menos de cinco segundos.

Voy a seguir teniendo libros tradicionales, porque me gustan los libros incluso como puro objeto, porque me gusta tener libros dedicados por sus autores, seguramente porque en los libros permanecerá al menos en mí una devoción insobornable entre el fetichismo y el amor. Pero la mayor parte de lo que lea, lo haré en un e-reader, porque lo que de verdad importa es el contenido y no el soporte. Las historias se han contado en piedra, en tablillas, en papiros, en libros.  Y la irrupción de un nuevo soporte nunca ha acabado con la literatura. Al contrario. Si la industria no es capaz de adecuarse a los tiempos (no ahora, insisto: este tren salió hace años y lo han perdido) no es culpa ni de los autores, que son los únicos realmente importante en esta historia, ni de los lectores, que son también imprescindibles.Los editores que sigan dándole vueltas al asunto y calculando sus porcentajes. Para cuando quieran que esto funcione, descubrirán que han llegado tarde. Y entonces asistiremos a ese espectáculo de plañideras tan lamentable, que reclama ayudas a los gobiernos, que demoniza a los internautas y que culpa a cualquiera que no sean ellos mismos, de todas sus desdichas. Al tiempo.

ebookNo ocupa mucho ¿verdad? Menos que un dvd, y menos que una moleskine…  Para ver cómo funciona, los que aún no lo disfrutéis, aquí:

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