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Archive for 12 noviembre 2008

Hoy dice el periódico

Los periódicos dicen muchas cosas cada día. Escriben una historia que nunca sabemos con certeza si es la real, pero es la que todos aceptamos como lo que ocurre. Pero el periódico no dice otras muchas cosas. No habla de eclipses de mar, ni de voces tiritando en el contestador. No habla de versos que matan, ni de pasiones arrebatadas, ni de lunes violentos, ni de océanos en llamas.

De esas cosas,  y también del Sporting, de largas caminatas, de recuerdos, de la vida de cada día, la que uno vive y a veces de la que se inventa, de los sueños, de las esperanzas, de amaneceres y maratones, de playas y de caminos, de los ojos inmensos de Laura y de la sonrisa de Bego, de los amigos, de las palabras que construyen el mundo, del mundo feroz y el mundo tierno, de los olvidos y las memorias, de todo eso, y de tantas otras cosas, afortunadamente para nosotros, ya hay un periódico. No huele a tinta, porque no está impreso, pero palpita en la pantalla, porque es vida y el corazón tiembla en cada una de sus palabras.

Como soy de los lectores de Rafa que tienen la inmensa suerte de conocerlo personalmente, podría decir muchas más cosas y hablar de los años que compartimos (ay dios, cuántos ya…). Podría hablar de cómo era Rafa con poco más de diez años, y de la primera vez que coincidí con él en el ascensor y de lo muchísimo que Laura se parece a él entonces, y de tantas cosas. Podría hablar de los primeros textos que conocí de él, en un aula del Antiguo Instituto, hace ya tantos años, y de un retrato fantástico que escribió entonces de Aute y que me confirmó que transitábamos por caminos parecidos, que nos emocionaban cosas parecidas, que nos indignaban las mismas injusticias, que participábamos de las palabras vivas, podría hablar de conversaciones, y de tantas manos tendidas, y de lo que me gusta verlo entre el público en las presentaciones, o en los libros del mes (el día 19 te veo, por cierto, o eso espero, que ya sabes lo cardiaca que me pongo…). Pero todas esas cosas, como pertenecen al ámbito de lo real, no sé si cuentan. No sé incluso si rompe algún tipo de intimidad decirlas.

Y sin embargo tengo que hacerlo, por pura obligación moral. En los blogs, en la red en general, existe la creencia de que no somos los que somos. De que cuando escribimos mostramos la mejor parte de nosotros mismos, o nos montamos un personaje. La sombra de la mentira es una sospecha siempre.

Yo no sé cuánto hay de impostura en los blogs en general. Mi instinto me dice que no me equivoco demasiado, que la gente que leo (y que he llegado a querer -iba a decir “como si fueran reales”, cuando en realidad estoy convencida de que el afecto es el mismo- de forma inexplicable, sin voz por el medio, sin miradas en las que cruzarme) es como escribe. Creo que si conociera personalmente a cada uno de los bloggers, no habría grandes diferencias. Pero esa es una convicción personal, no es una realidad.

Por eso tengo la obligación moral, desde el privilegio del conocimiento “real” de proclamarlo: Rafa es lo que leéis. No hay doblez, ni trampa, ni cartón. Es una de las mejores personas que he conocido en toda mi vida, uno de los más decentes, uno de los más reales, uno de los más entrañables, uno de los más fantásticos. Y Bego también lo es: no hay más que ver su sonrisa, y su franqueza, y esa vida que se asoma por sus ojos. Rafa es tan estupendo como todos los lectores os imagináis. Y seguramente más.

Yo lo he dicho ya alguna vez, pero me repito. Tengo dos hermanas y ningún hermano. Si una pudiera elegir, que ya sé que no puede, yo habría elegido a Rafa, sin ningún género de duda, como mi hermano pequeño. Y de alguna forma, con esta cosa de la familia que se crea desde el afecto, él sabe, y si no lo sabe, desde aquí queda proclamado, que así lo siento: Un hermano.

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