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Archive for 1 diciembre 2013

Nosotros, los de entonces

La tentación del blog es como la tentación de la escritura, siempre está ahí. Qué demonios, es la misma, no es que sea como. Y tiene, además, otras implicaciones. Cuando escribes (una novela, un relato, un poema) se hace en absoluta soledad y los ecos de la lectura, la respuesta imprescindible de los lectores (cualquier lector) tarda en producirse. El circuito es diferente y la interlocución un asunto complicado. La escritura del blog se traduce en lectores inmediatos. En comentarios. En gente que aparece en tu vida, porque se cuela entre lo que has escrito, y se hace próxima, imprescindible, amiga.

No sé (podría mirarlo ahora, pero no voy a hacerlo, por la cosa del vértigo) cuánto tiempo hace que escribí la última entrada. Iba a decir que más de un año, pero seguro que hace más de dos. En este tiempo viví tormentas, se murió mi padre, nació mi nieto, publiqué una novela, gané unos cuantos kilos, perdí muchos más, conocí gente, quise, me quisieron, me equivoqué alguna que otra vez, me levanté. Todas esas cosas habrían quedado reflejadas en este blog de haber seguido escribiendo. A todas ellas les habría buscado las cosquillas para convertirlas en ese estado intermedio de fluidez que va del líquido de lo confesional a lo sólido de lo literario.

Porque algo así vienen a ser los blogs, estos artefactos que tal vez avanzan hacia la fosilización, y que sin embargo conservan el latido de las vidas que albergan, de las vidas que posan sus ojos sobre ellos.

Siempre tengo la tentación de volver al blog, a algún tipo de blog. Inventarme una personalidad y escribir uno absolutamente creativo, hacer uno muy serio sobre literatura. Uno sobre cocina con mis recetas. Uno colectivo con amigos. Uno absolutamente secreto con mis secretos más secretos, con contraseña para ser leído. Otro exclusivamente optimista. Otro para el llanto, o para el desconsuelo. Y en todos esos propósitos (algunos de los cuales incluso se han concretado, aunque no han pasado del primer post, y por ahí permanecerán en un limbo inaccesible, porque ya he olvidado hasta sus nombres, y no digamos su contraseña) siempre aparece, siempre, la imagen difusa de quienes éramos entonces: los amigos que un día aparecieron por este blog y me mostraron los suyos, los que descubrí y se vinieron, los que formaron aquel círculo de confidencia, o de pensamiento, de intercambio de ideas y de intercambio de trocitos de vida. Algunos siguen formando parte de mi existencia, porque después de los blogs vinieron las redes, y también nos encontramos en esa batalla. De otros no volví a saber nada.

Secretamente, confesaré, que a veces navego por la red y acudo a sus blogs, a los que siguen en pie resistiendo, a los que quedaron abandonados como éste. No dejo huella de haber pasado, porque es como si entrara de puntillas a comprobar que alguien que amamos duerme tranquilo. Y entre la nostalgia difusa y el más aún difuso propósito de retomar, me digo que nosotros, los de entonces, aún somos. No sé si los mismos, pero somos.bfba88c69acb3c7a81c9bfda654e2785 (1)

 

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